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“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo…” (Salmos 23:4)
Atravesar valles oscuros es parte del camino de la fe, pero la Escritura asegura que nunca los cruzas en soledad. La sombra de la prueba puede ocultar el sol, pero no puede apagar la presencia real del Buen Pastor que camina a tu lado sostenidamente.
Avanza sin miedo. Su vara y su cayado no son para castigarte, sino para defenderte y guiar tus pasos en medio de la penumbra. Ninguna oscuridad es permanente cuando la luz del Señor alumbra tu sendero.
¡Dios te bendiga!
Señor, quita el temor de mi alma en la oscuridad y ayúdame a sentir Tu presencia que me defiende y guía. En El Nombre de Jesús, Amén.