Reflexión #284: De Una Vez Por Todas

“Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que
estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.”
(Eclesiastés 7:10)

Mire hacia adelante. De una vez por todas: ¡mire hacia adelante! Mientras que
usted se aferra al pasado, el reloj corre. Corre, pues el tiempo es implacable. La
oportunidad de hacer algo nuevo se escurre entre sus dedos. No va a cambiar el
pasado. No va a traer de vuelta lo que no existe más. Es una tontería juzgar al pa-
sado mejor que el presente. Ser sabio es sembrar hoy lo que es bueno, para cose-
char en el futuro lo que es mejor aún.

Existen dos maneras de mirar al pasado. La primera es recordar, torturándose
con el hecho de que no existe más, torturándose con las cosas buenas o malas que
sucedieron. Eso lo hace esclavo de los recuerdos, esclavo de sus emociones.
Emociones que fueron responsables de sus fracasos del pasado. O por la situación
lastimosa en la que usted quedó después. Inmóvil en un tiempo que no existe. La
segunda manera es absorber las lecciones de lo que pasó y traerlas al presente,
como aprendizaje. Si algo fue bueno, amén. Guarde las lecciones de aquello y siga
hacia adelante. Vivirá algo mucho mejor. Si fue malo, ya pasó – y ya terminó. Resu-
elva dentro de usted, perdone, olvide. Cierre la puerta. Dé vuelta la página.

Cuando piensa en el pasado, su mente se transporta hacia el pasado. ¿Cómo
dar un paso si su cuerpo está en un lugar y su mente en otro? La fe mira hacia ade-
lante. Cuando Moisés murió, Dios fue directo: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora,
pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que Yo les doy a los
hijos de Israel” (Josué 1:2). Moisés murió. El pasado pasó. Levántate, ahora, porque
aún hay mucho para ser hecho.

La fe mira hacia adelante.