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Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. (Salmos 46:1)
Hay momentos en los que el dolor parece superar nuestras fuerzas. Las preocupaciones nos agobian, las lágrimas llegan sin aviso y el corazón busca un lugar donde descansar. En medio de esas tormentas, recuerda que no tienes que cargar solo con tus angustias. Dios conoce tus heridas y te invita a encontrar refugio en Su presencia.
Cuando la tristeza te visite, corre al Señor en oración. No necesitas ocultar tus lágrimas ni fingir que todo está bien. Presenta tus cargas delante de Él y permite que Su Palabra renueve tu esperanza. Quizá las circunstancias no cambien inmediatamente, pero puedes encontrar fortaleza para atravesarlas acompañado de Aquel que nunca te abandona.
Padre amado, cuando el dolor llene mi corazón, recíbeme en Tu presencia. Sé mi refugio, fortalece mi espíritu y ayúdame a confiar en Tu amor. En El Nombre de Jesús, Amén.