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“Porque yo, Jehová, soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: No temas, yo te ayudo.” — Isaías 41:13
Hay algo profundamente reconfortante en la imagen de una mano que te sostiene cuando el camino es incierto. No una instrucción desde lejos ni una dirección a distancia, sino una mano que se extiende, te toma y te lleva. Esa es la manera en que Dios elige guiarte, no como un director que señala desde afuera sino como un Padre que camina junto a ti sosteniéndote en cada paso.
Ser llevado de la mano de Dios significa que no necesitas ver el camino completo para avanzar. Su mano compensa lo que tus ojos no pueden ver, estabiliza lo que tus fuerzas no pueden sostener y dirige lo que tu entendimiento no puede descifrar. Mientras su mano te sostiene, cada paso tiene dirección, cada tropiezo tiene apoyo y cada momento de incertidumbre tiene la seguridad de quien te lleva.
Padre, gracias porque no me señalas el camino desde lejos sino que me tomas de la mano y me llevas. En los momentos donde no sé hacia dónde ir, donde el miedo paraliza y la confusión nubla mi visión, recuérdame que tu mano está extendida hacia mí. Ayúdame a no soltarla nunca, a confiar en cada paso que me guías y a descansar en la certeza de que mientras tú me llevas no puedo perderme. En el nombre de Jesús, amén.