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Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón. (Salmos 28:7)
Es fácil alabar a Dios cuando recibimos buenas noticias y nuestros planes se cumplen. Sin embargo, la fe también se manifiesta cuando atravesamos dificultades y nuestro corazón busca respuestas. En esos momentos, recordar la fidelidad del Señor nos ayuda a comprender que Su presencia no desaparece cuando llegan las pruebas. Aunque nuestras fuerzas disminuyan, podemos seguir acudiendo a Él con confianza.
No esperes a que termine tu batalla para glorificar a Dios. Alábalo también en medio de tus lágrimas, cuando el camino parezca incierto y necesites renovar tu esperanza. La alabanza no significa ignorar el dolor, sino recordar que el sufrimiento no tiene la última palabra sobre tu vida. Permanece cerca del Señor y descansa en Su amor.
Padre amado, sé mi fortaleza en cada batalla. Enséñame a confiar en Ti durante las dificultades y a mantener un corazón agradecido, incluso cuando no comprenda Tus caminos. En El Nombre de Jesús, Amén.