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Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. (Salmos 40:1)
La prisa del mundo moderno y el afán por obtener respuestas rápidas suelen convertir la espera en una dura batalla interior. Sin embargo, ceder a la desesperación nos expone a tomar decisiones precipitadas fuera de la voluntad divina. La buena noticia es que no tienes que vencer la impaciencia con tus propias fuerzas: Dios te acompaña en cada paso del camino, fortaleciendo tu espíritu cuando la ansiedad intenta dominarte.
Aprender a esperar en el Señor no es perder el tiempo, sino permitir que Su paz guarde tu mente. Cuando sientas que la calma se agota, detente, respira y recuerda que el Creador tiene el control absoluto de los tiempos. Confía en Su presencia cercana; Él escucha tu clamor y responderá en el momento perfecto.
Señor, calma la prisa de mi corazón y ayúdame a vencer la impaciencia sabiendo que caminas a mi lado en cada etapa de la espera. En El Nombre de Jesús, Amén.