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En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Salmo 62:7
Existen momentos donde las tormentas de la vida amenazan con desestabilizar nuestra fe, pero la Escritura nos apremia a confiar plenamente en Dios en toda circunstancia. Depositar nuestra fe en el Señor no significa la ausencia de incertidumbre, sino la decisión consciente de descansar en Su poder supremo. Cuando decidimos no apoyarnos en nuestra propia prudencia, encontramos un refugio inamovible frente a cualquier adversidad.
Permanece firme en la promesa de Su cuidado. Cada vez que rindes tus afanes y entregas el control de tus caminos al Creador, permites que Su sabiduría trace el rumbo correcto para tu vida. Aun cuando el panorama parezca confuso, recuerda que Dios no falla ni llega tarde; Su fidelidad es tu escudo y la garantía de que cada detalle de tu historia opera para tu bien supremo.
Señor, rindo mis temores ante Ti y decido descansar plenamente en Tu soberana voluntad, sabiendo que Tu amor jamás me fallará. En El Nombre de Jesús, Amén.