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No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6:9
A menudo descubrimos que seguir a Dios no es fácil, pues el camino de la fe exige abnegación, paciencia y valentía para avanzar contra la corriente del mundo. Sin embargo, la Escritura nos recuerda que las batallas presentes no se comparan con la gloria que ha de manifestarse en nosotros. Las dificultades del sendero no son un signo de abandono, sino el terreno donde la gracia divina moldea un carácter invencible.
No desmayes ante la estrechez del camino. Cada renuncia por amor a Cristo, cada decisión de obedecer en medio de la incertidumbre y cada paso de fe cuando las fuerzas escasean, garantizan una recompensa eterna. Aunque el trayecto demande sacrificio, la presencia del Señor sostiene tus pasos y Su paz sobrepasa todo entendimiento, asegurando que el destino final supere con creces cualquier aflicción pasajera.
Señor, dame la firmeza para mantenerme fiel en el camino angosto, recordando que Tu presencia constante y Tu gracia eterna superan cualquier dificultad. En El Nombre de Jesús, Amén.