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“Te alabaré porque formidables y maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien.” — Salmos 139:14
De todo lo que Dios ha creado, galaxias, océanos, montañas y todo lo que existe, tú eres su creación más preciada. No porque seas el más fuerte, el más inteligente o el más perfecto, sino porque eres el único ser en toda la creación hecho a su imagen y semejanza, el único al que le dio aliento de vida directamente y el único por quien eligió dar a su propio Hijo. Eso te hace invaluable de una manera que ninguna otra cosa en el universo puede reclamar.
Verte como su creación más preciada no es arrogancia, es aceptar la verdad que Dios mismo declaró sobre ti. Es recibir la identidad que Él te dio antes de que el mundo te dijera quién eras. Cada vez que una voz interna o externa intente convencerte de que no vales, recuerda que fuiste creado por el mejor artista del universo con un cuidado y una intención que no tiene comparación.
Señor, ayúdame a verme como tú me ves, como tu creación más preciada, diseñada con intención y amada sin reservas. Hay voces que me han dicho que no soy suficiente y momentos donde yo mismo lo he creído. Pero hoy recibo la verdad de que soy obra de tus manos, formidable y maravillosamente hecho. Que esa identidad transforme la manera en que me trato a mí mismo y la manera en que me relaciono con el mundo. En el nombre de Jesús, amén.