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“Yo os restauraré la salud, y curaré vuestras heridas, dice Jehová.” — Jeremías 30:17
Restaurar es la especialidad de Dios. No hay herida demasiado profunda, ni área demasiado dañada, ni tiempo demasiado largo en ruinas que esté fuera del alcance de su poder. Cuando Dios restaura, no se limita a remendar lo roto, lo transforma con una sanidad que llega hasta la raíz. Lo que el dolor desfiguró, su mano lo devuelve a una belleza incluso mayor que la original.
La restauración divina actúa en lo visible y en lo invisible: en las relaciones quebradas, en el cuerpo enfermo, en la mente cansada y en el espíritu desgastado. No es un proceso instantáneo siempre, pero es un proceso seguro. Mientras Dios trabaja en restaurar lo que parecía perdido, te invita a confiar en su tiempo y en su método, aunque no siempre puedas entenderlo de inmediato.
Señor, hoy te entrego las áreas de mi vida que necesitan tu restauración. Heridas que aún duelen, relaciones que se quebraron y partes de mí que el tiempo y el dolor han desgastado. Confío en que tú eres el Dios que restaura lo que parece imposible de reparar. Trabaja en mí con tu poder sanador, devuélveme lo que se perdió y hazlo con una plenitud que sobrepase lo que alguna vez tuve. En el nombre de Jesús, amén.