“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Salmos 46:1
Hay momentos en la vida donde el suelo parece moverse bajo nuestros pies. Momentos donde todo cambia de golpe y no encontramos dónde apoyarnos. Es precisamente en esos momentos donde una verdad se vuelve más real que nunca: Dios te sostiene. No solo cuando todo va bien, no solo cuando eres fiel, sino en todo momento, sin excepción y sin condiciones.
Sostener implica acción continua. No es un respaldo ocasional ni una ayuda de emergencia. Es una presencia constante que te mantiene de pie cuando tus fuerzas fallan, que te estabiliza cuando el dolor sacude tu mundo y que te lleva cuando ya no puedes caminar solo. Dios no te suelta. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará.
Padre, gracias porque en cada momento de mi vida, visible o invisible para mí, tú me has sostenido. En las noches difíciles, en las pérdidas, en los momentos donde sentí que no podía más, tu mano estuvo ahí. Hoy quiero reconocerlo y agradecerlo. Ayúdame a vivir consciente de tu sostén cada día, a no entrar en pánico cuando las circunstancias tambaleen, porque sé que tú eres mi base firme e inamovible. En el nombre de Jesús, amén.